Con un látigo en cada mano, castigó cruelmente a los dos vaqueros, que se cubrían el rostro entre gritos de dolor y de auxilio. Siguió castigándoles después de estar caídos en el suelo. Al fin, soltó los látigos en el suelo, se inclinó hacia los caídos y les arrastró hasta la puerta de la calle. Volvió a por los látigos y sin que nadie interviniera, les colgó con los mismos látigos en la galería de la taberna.
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Con un látigo en cada mano, castigó cruelmente a los dos vaqueros, que se cubrían el rostro entre gritos de dolor y de auxilio. Siguió castigándoles después de estar caídos en el suelo. Al fin, soltó los látigos en el suelo, se inclinó hacia los caídos y les arrastró hasta la puerta de la calle. Volvió a por los látigos y sin que nadie interviniera, les colgó con los mismos látigos en la galería de la taberna.